Why Beauty Matters

Why Beauty Matters – Por que a beleza importa from jinacio on Vimeo.

Por qué importa la belleza

En cualquier momento dado entre 1750 y 1930, si le hubieras pedido a personas educadas que describieran el propósito de la poesía, del arte o de la música habrían respondido: belleza.

Y si preguntaras el sentido de eso habrías aprendido que la belleza es un valor tan importante como la verdad y la bondad.

Después en el siglo veinte la belleza dejó de ser importante. El arte se propone perturbar cada vez más y romper los tabúes morales. No era belleza, sino la originalidad de cualquier forma que se consiguiera y a cualquier costo moral, mientras ganara premios.

El arte no sólo ha hecho un culto de la fealdad, la arquitectura también se ha vuelto desalmada y estéril. Y no es sólo nuestro entorno físico el que se ha vuelto feo, nuestro lenguaje, nuestra música y nuestros modales son cada vez más groseros, egocéntricos y ofensivos, como si la belleza y el buen gusto no tuvieran un lugar real en nuestras vidas.

Una palabra está escrita con letras grandes en todas estas cosas feas y esa palabra es “yo”, “mis ganancias”, “mis deseos”, “mis placeres” y el arte no tiene nada qué decir en respuesta a esto excepto sí, hazlo.

Yo pienso que estamos perdiendo la belleza y existe el peligro de que con ella perdamos el sentido de la vida.

Por qué importa la belleza, por Roger Scruton

Soy Roger Scruton, filósofo y escritor, mi oficio es hacer preguntas. Durante los últimos años he estado haciendo preguntas acerca de la belleza. La belleza ha sido central en nuestra civilización por más de dos mil años, desde sus principios, en la antigua Grecia, la filosofía ha reflexionado acerca del lugar de la belleza en el arte, la poesía, música, arquitectura y la vida cotidiana. Los filósofos han argumentado que a través de la búsqueda de la belleza damos forma al mundo como nuestro hogar. También llegamos a entender nuestra propia naturaleza como seres espirituales. Pero nuestro mundo le ha dado la espalda a la belleza y a causa de ello nos encontramos rodeados de fealdad y alienación.

Quiero persuadirlos de que la belleza importa, de que no es sólo una cosa subjetiva sino una necesidad universal de los seres humanos. Si ignoramos esta necesidad nos encontramos en un desierto espiritual, quiero mostrarles el camino que sale de ese desierto, es un camino que nos lleva a casa.

Los grandes artistas del pasado estaban conscientes de que la vida humana está llena de caos y sufrimiento. Pero tenían un remedio para esto y el nombre de ese remedio era belleza. La obra de arte hermosa trae consuelo en la tristeza y afirmación en la alegría. Muestra que la vida humana vale la pena. Muchos artistas modernos se han cansado de esta labor sagrada, piensan que lo azaroso de la vida moderna no puede ser redimido por el arte, en lugar, debe ser expuesto. El patrón se estableció hace casi un siglo por el artista francés Marcel Duchamp que firmó un Orinal con la firma ficticia: R Mutt y lo colocó en una exhibición. Su gesto fue satírico, diseñado para ridiculizar al mundo del arte y al esnobismo que le acompañaba. Pero ha sido interpretado de otra forma al mostrar que cualquier cosa puede ser arte, como una luz encendiéndose y apagándose, una lata de excremento o incluso una pila de ladrillos. El arte ya no tiene una posición sagrada, ya no nos eleva a un plano moral o espiritual más alto, es simplemente un gesto humano entre otros, sin mayor significado que una risa o un grito.

Creo que se están burlando de nosotros, ¡es una pila de ladrillos!

El arte hizo una vez un culto a la belleza, ahora tenemos un culto a la fealdad en su lugar. Puesto que el mundo es perturbador, el arte también debe ser perturbador. Aquellos que busquen la belleza en el arte sólo están fuera de contacto con las realidades modernas. A veces la intención es escandalizarnos, pero lo que escandaliza la primera vez es aburrido y vacuo cuando se repite. Esto ha hecho del arte una broma elaborada, pero una que ahora ya no es divertida. Mas los críticos continúan aprobándola, con temor de decir que el emperador no lleva ropa.

El arte creativo no se consigue así como así, simplemente teniendo una idea. Por supuesto, las ideas pueden ser interesantes y entretenidas, pero esto no justifica la apropiación de la etiqueta de arte. Si una obra de arte no es nada más que una idea, cualquiera puede ser un artista y cualquier objeto puede ser una obra de arte, ya no existe la necesidad de destreza, gusto o creatividad.

Lo que usted también está intentando hacer, según lo entiendo, es devaluar al arte como un objeto simplemente con decir: si yo digo que es una obra de arte, eso lo vuelve una obra de arte.

Sí, pero verá, la palabra obra de arte no es tan importante para mí, no me importa la palabra arte porque ha sido tan, ¿sabe? desacreditada y vacía.

Pero usted de hecho usted contribuyó a su desacreditación. ¿O no? De forma muy deliberada.

Sí, deliberadamente, sí, entonces yo de alguna manera quería deshacerme de ella, porque de alguna manera en la actualidad muchas personas han hecho desaparecer la religión.

Las personas aceptaron a Duchamp con su propia valoración, yo creo que no se deshizo del arte, sólo se deshizo de la creatividad. Sin embargo, los trabajos de Duchamp todavía están influyendo en el curso del arte actual. El artista Michael Craig-Martin, que enseñó a muchos de los jóvenes artistas británicos, cuyos trabajos dominan el mundo del arte, siguió el ejemplo de Duchamp con su propia obra seminal llamada “Un Árbol de Roble”; éste consiste en un vaso de agua en una repisa con un escrito explicando por qué es un árbol de roble.

La primera vez que entré en la Basílica de San Pedro y estuve frente a La Piedad de Miguel Ángel

Para mí fue una experiencia transformadora, mi vida cambió por esto.

¿Usted piensa que alguien puede tener la misma experiencia con el Orinal de Duchamp o quizás con su “Árbol de Roble”, que después de todo es una cosa similar?

Cuando era un adolescente y vi por primera vez a Duchamp y vi por primera vez a los ready-mades me quedé completamente pasmado y asombrado. No creo que a las personas les abrume una sensación de belleza cuando ven el Orinal. No está diseñado para ser bello. Pero eso no quiere decir que no haya algo acerca de este que no cautive la imaginación. Y creo que cautivar la imaginación es la clave de lo que el arte busca hacer. Duchamp sintió que el arte se había vuelto demasiado interesado en la técnica, demasiado interesado en lo óptico, sintió que se había vuelto intelectual y moralmente corrupto. Su razón para hacer una obra de arte que no encajara con el sistema no fue el cinismo. Fue con el fin de decir “estoy tratando de hacer un arte que niegue todas las cosas que las personas dicen que el arte debe de tener porque estoy tratando de decir que la cuestión central del arte descansa en otro lado.”

Lo tomo como que las cosas tenían que cambiar y Duchamp trataba de cambiarlas, pero ¿a qué trataba de cambiarlas?

Bueno, nunca pudo imaginar ni en sus sueños más descabellados que ocurriría lo que efectivamente ocurrió. Él mismo no tenía idea de cuán central era la cosa con que se había topado, esencialmente el que una obra de arte fuera una obra de arte porque pensamos que lo sea. También creo que es importante decir que la noción de la belleza se ha extendido para incluir cosas en las que no se habrían pensado. Esa es parte de la función del artista, hacernos ver algo como bello que nadie hubiera pensado antes que fuera bello.

Claro, ¿como una lata de excremento?

Bueno, no estoy seguro de que sea bello, no trata de ser bello, pero tome como ejemplo a Jeff Koons, algunos de sus trabajos son increíblemente bellos.

Bien, pues a mí me parece kitsch, endulzado.

Ese es el tema de su obra, no la sustancia de su obra.

¿Para qué sirve este arte? ¿Qué le ayuda a hacer a la gente?

Pienso, que con suerte, le ayude a las personas a ver el mundo en el que viven de una forma en que le dé más sentido. Y no es el mundo de “un mundo ideal” o algún otro mundo, algún mejor lugar sino el aquí y el ahora, el mundo en el que están y en que tratan de vivir con más comodidad en el mundo en el que viven.

Entonces el arte actual nos muestra el mundo como es, el aquí y ahora y todas sus imperfecciones. ¿Pero es el resultado realmente arte?. Seguro que algo no es una obra de arte sólo porque ofrezca una porción de realidad –fealdad incluída- y se llame arte a sí misma. El arte necesita a la creatividad y la creatividad es compartir. Es un llamado a otros a ver el mundo como lo ve el artista. Por eso es que encontramos belleza en el arte naïve de los niños. Los niños no nos dan ideas en lugar de arte, ni se regodean en la fealdad. Están tratando de afirmar al mundo como lo ven y de compartir lo que sienten. Algo del deleite puro del niño sobrevive en cada obra de arte verdadera. Pero la creatividad no es suficiente y la destreza del verdadero artista es mostrar lo real a la luz del ideal y transfigurarlo. Esto es lo que Miguel Ángel logra en su gran representación de David. Pero cuando encontramos un vaciado en concreto del David como parte de algún arreglo de jardín no es en absoluto bello, porque carece del ingrediente esencial de la creatividad.

El tipo de discusiones que he estado teniendo son peligrosas. En nuestra cultura democrática las personas piensan a menudo que es amenazante juzgar el gusto de otras personas. Algunos incluso se ofenden por la sugerencia de que exista diferencia entre buen y mal gusto o de que importa lo que ves, lees o escuchas. Pero esto no ayuda a nadie. Hay criterios de belleza que tienen una base firme en la naturaleza humana y necesitamos buscarlos e incorporarlos en nuestras vidas. Tal vez las personas han perdido su fe en la belleza porque han perdido su creencia en los ideales. Se sienten tentados a pensar que todo lo que existe es el mundo de apetitos. No hay valores más allá de los utilitarios. Algo tiene valor si tiene un uso y ¿cuál es el uso de la belleza?

Todo el arte es absolutamente inútil, escribió Oscar Wilde, que hizo ese comentario como un elogio. Para Wilde la belleza era un valor más elevado que la utilidad. Las personas necesitan cosas inútiles tanto o más aún de las que necesitan por su uso. Sólo piensen en esto. ¿Cuál es la utilidad del amor, de una amistad, de adorar? Absolutamente ninguna. Y es lo mismo con la belleza. Nuestra sociedad de consumo antepone la utilidad y la belleza no es más que un efecto secundario. Como el arte es inútil no importa lo que leas, lo que veas, lo que escuches. Estamos rodeados de mensajes por todos lados, estimulados, tentados por la apetencia –nunca abordada.

Y esa es una razón por las que la belleza está desapareciendo de nuestro mundo.

“Adquirir y gastar” escribió Wordsworth, “desperdiciamos nuestros poderes”. En nuestra cultura hoy es más importante la propaganda que el arte y las obras de arte con frecuencia intentan capturar nuestra atención como lo hacen los anuncios, siendo insolente o ultrajante, como el cráneo enjoyado de Damien Hirst. Como los anuncios, las obras de arte actuales aspiran a crear una marca aún si no tienen producto qué vender, más que ellas mismas.

La belleza es asaltada de dos direcciones. Por el culto a la fealdad en las artes y el culto a la utilidad en la cotidianeidad. Estos dos cultos se unen en un mundo de arquitectura moderna. A principios del siglo veinte, los arquitectos como los artistas, comenzaron a impacientarse con la belleza y comenzaron a poner la utilidad en su lugar. El arquitecto estadounidense Louis Sullivan expresó el credo de los modernistas cuando dijo que “la forma sigue a la función”. En otras palabras, dejen de pensar en cómo se ve un edificio y piensen en lugar en qué cosa hace. La doctrina de Sullivan ha sido usada para justificar el mayor crimen contra la belleza que el mundo haya visto y ese es el crimen de la arquitectura moderna.

Crecí cerca de Reading que era un pueblo Victoriano encantador con calles con terrazas e iglesias góticas, coronado por edificios públicos elegantes y atractivos hoteles. Pero en los sesentas las cosas comenzaron a cambiar. Aquí en el centro las casas acogedoras fueron demolidas para hacer espacio para edificios de oficinas, una estación de autobuses y estacionamientos, todos diseñados sin tener en cuenta la belleza. Y el resultado prueba, tan claro como puede ser, que si consideras únicamente la utilidad, las cosas que construyas pronto serán inútiles.

Este edificio está tapiado porque nadie tiene un uso para él. Nadie lo quiere usar porque nadie quiere estar dentro de él. Nadie quiere estar en él porque la cosa es tan condenadamente fea.

Dondequiera que vayas hay fealdad y mutilación. Las oficinas y estación de autobuses han sido abandonadas. Las únicas que están en casa aquí son las palomas que ensucian el pavimento. Todo ha sido vandalizado, Pero no culpemos a los vándalos. Este lugar fue construido por vándalos y aquellos que agregaron el grafiti simplemente terminaron el trabajo.

Muchos de nuestros pueblos y ciudades tienen áreas como ésta en las cuales edificios erigidos, solamente por su utilidad, se han vuelto rápidamente inútiles. Los arquitectos no aprendieron del desastre. Cuando el público comenzó a reaccionar contra el estilo brutal del concreto de los sesentas los arquitectos simplemente lo reemplazaron con un nuevo tipo de basura. Paredes de cristal colgaban de marcos de acero con detalles absurdos que no combinan. El resultado es otro tipo de fracaso para encajar y está ahí simplemente para ser demolido.

En medio de toda esta desolación encontramos un fragmento de las calles que fueron destruidas, antes fue una fragua, ahora un café. Las personas vienen de todos los alrededores porque es la última vida que queda y la vida proviene del edificio.

Esto me regresa al comentario de Oscar Wilde de que todo el arte es absolutamente innecesario. Pon la utilidad primero y la pierdes. Pon la belleza primero y lo que hagas será útil para siempre. Resulta que nada es más útil que lo inútil. Lo vemos en la arquitectura tradicional con sus detalles decorativos. Los adornos nos liberan de la tiranía de la utilidad y satisfacen nuestra necesidad de armonía. De forma extraña nos hacen sentir en casa. Nos recuerdan que tenemos más que necesidades prácticas. No sólo estamos gobernados por apetitos animales, como comer y dormir. También tenemos necesidades espirituales y morales y si quedan insatisfechas, nosotros también.

Todos sabemos cómo es, en el mundo cotidiano, sentirnos transportados de repente por las cosas que vemos, del mundo ordinario de nuestros apetitos a la esfera de la contemplación. Un destello del sol, una canción recordada, el rostro de alguien amado, nos damos cuenta de ellos en los momentos más distraídos y de repente la vida vale la pena. Estos son momentos atemporales en los que sentimos la presencia de otro mundo más elevado.

Desde el principio de la civilización occidental los poetas y filósofos han visto la experiencia de la belleza como un llamado a lo divino. Platón, escribiendo en Atenas en el siglo cuarto A.C., argumentó que la belleza es la señal de otro orden más alto. “Contemplando la belleza con el ojo de la mente”, escribió, “podrás nutrir la verdadera virtud y volverte amigo de Dios.”

Platón era un idealista. Creía que los seres humanos somos peregrinos y pasajeros en este mundo, aspirando más allá de este al reino eterno donde nos uniremos a Dios. Dios existe en un mundo trascendental al cual los humanos aspiramos, pero que no podemos conocer directamente. Pero una forma de vislumbrar la esfera celestial mientras estamos abajo es a través de la experiencia de la belleza. Esto conduce a una paradoja. Para Platón la belleza era antes que nada la belleza del rostro y la forma humana. El amor a la belleza, pensó, se originaba en el eros, una pasión que todos sentimos. Llamaríamos amor romántico a esta pasión. Para Platón el eros era una fuerza cósmica que fluía a través nuestro como deseo sexual.

Pero si la belleza humana despierta el deseo ¿cómo puede tener algo que ver con lo divino?. El deseo es para el individuo que vive en este mundo. Es una pasión urgente. El deseo sexual nos presenta una elección:  ¿adoración o apetito?, ¿amor o lujuria?. La lujuria es tomar, pero el amor es dar.

La lujuria trae consigo fealdad, la fealdad de las relaciones humanas en la que una persona trata a otra como un instrumento desechable. Para alcanzar la fuente de la belleza debemos superar la lujuria.

Esta añoranza sin lujuria es lo que ahora entendemos como amor platónico. Cuando encontramos belleza en una persona joven es porque vislumbramos la luz de la eternidad brillando en esas facciones de una fuente celestial más allá de este mundo. La forma humana bella invita a unirse a ella espiritualmente no físicamente. Nuestro sentimiento por la belleza es por tanto religioso y no una emoción sensual.

Esta teoría de Platón es asombrosa. La belleza, pensó, es un visitante de otro mundo. No podemos hacer nada con ella más que contemplar su resplandor puro. Cualquier otra cosa la corrompe y profana, destruyendo su aura sagrada. La teoría de Platón puede parecer anticuada a las personas de hoy en día, pero es una de las teorías más influyentes de la historia. A lo largo de nuestra civilización, poetas, narradores de historias, pintores, sacerdotes y filósofos han sido inspirados por los puntos de vista de Platón sobre el sexo y el amor.

Si sólo miramos en la esquina de la poesía por personas que trataron de expresar la visión platónica del erotismo, veamos, aquí está, Morte d’Arthur de Thomas Mallory, Aquí y allá de John Donne, Gawain y el caballero verde, Chaucer, especialmente “La historia del caballero”, los poemas del manuscrito de Pearl, Cavalcanti, el maestro de Dante y definitivamente a Dante mismo, Spencer, por supuesto La Reina Hada de Daffydap Gwvyilyn,  para tomar la versión gaélica de todo esto, Trovadores de Christina Rosetti, y así continúa.

El pintor Sandro Botticelli de principios del renacimiento ilustró esta teoría en su famosa pintora que muestra el nacimiento de Venus, diosa del amor erótico. Venus mira hacia el mundo desde un sitio más allá del deseo. Nos invita a trascender nuestros apetitos mundanos y a unirnos a ella a través del amor puro por la belleza. La modelo de Botticelli fue Simonetta Vespucci. Botticelli la amó hasta el fin de su corta vida y de hecho pidió que lo enterraran a sus pies. Ella representaba el ideal platónico para él. Ésta era belleza para ser contemplada, no poseída.

Platón y Botticelli nos dicen que la verdadera belleza está más allá del deseo sexual. Así que podemos encontrar belleza no sólo en una persona joven y deseable sino en el rostro lleno de años, dolor y sabiduría como las que pintó Rembrandt. La belleza de un rostro es el símbolo de la vida expresada en él. Es carne vuelta espíritu y al fijar nuestros ojos en ella parecemos ver justo a través del alma. Pintores como Rembrandt son importantes por mostrarnos que la belleza es ordinaria, un tipo de cosa cotidiana. Yace en todo nuestro alrededor. Sólo necesitamos los ojos para verla y y el corazón para sentirla. El suceso más ordinario puede convertirse en algo bello por un pintor que puede ver en el corazón de las cosas.

Mientras que la creencia en un Dios trascendental estuvo firmemente anclada en el corazón de nuestra civilización, los artistas y filósofos continuaron pensando acerca de la belleza de la manera en que Platón lo hizo. La belleza es la revelación de Dios en el aquí y ahora. Esta aproximación religiosa a la belleza duró por 2000 años. Pero en el siglo 17 la revolución científica comenzó a sembrar las semillas de la duda. La iglesia medieval aceptó la visión antigua de que la Tierra estaba en el centro del universo. Entonces Copérnico y Galileo probaron que circulaba alrededor del sol y Newton completó su trabajo, describiendo un universo preciso en el que un momento continúa al anterior de manera mecánica. Esa fue la visión de la ilustración. Describía nuestro mundo como si no tuviera un lugar para dioses y espíritus, ni para valores e ideales, ningún lugar para nada más que el movimiento mecánico que hacía girar a la luna alrededor de la tierra y a la tierra alrededor del sol sin ningún propósito.

En el corazón del universo de Newton hay un hoyo con forma de Dios, un vacío espiritual y un filósofo en particular se dedicó a llenar este vacío. Ese es el Conde de Shaftesbury. La ciencia explica cosas, pero Shaftesbury pensó, su recuento del mundo está incompleto de alguna manera. Podemos ver al mundo desde otra perspectiva, sin buscar usarlo o explicarlo, sino simplemente contemplando su apariencia como podríamos contemplar un paisaje o una flor.
La idea que el mundo es intrínsecamente válido, lleno de un encanto que no necesita de doctrina religiosa para ser percibido, responde a una profunda necesidad emocional. La belleza no fue sembrada por Dios en el mundo, sino fue descubierta ahí por las personas.

La idea de Shaftesbury alentó el cultivo de la belleza, lo que elevó la apreciación del arte y la naturaleza al lugar ocupado una vez por Dios. La belleza llenó el hoyo con forma de Dios hecho por la ciencia. Los artistas ya no eran ilustradores de las historias sagradas trabajando como sirvientes así como la iglesia. Estaban descubriendo las historias por sí mismos, interpretando los secretos de la naturaleza. Los paisajes que solían ser simples fondos para imágenes santas se volvieron primeros planos con la figura humana frecuentemente perdida entre sus pliegues. Pero para Shaftesbury no es necesaria una obra de arte para presentarnos la belleza del mundo. Simplemente necesitamos ver las cosas con los ojos claros y emociones libres.

Shaftesbury nos dice que dejemos de usar las cosas, que dejemos de explicarlas y explotarlas y en lugar de eso las miremos. Entonces comprenderemos lo que significan. El mensaje de la flor es la flor.

Los budistas zen han dicho cosas parecidas. Solamente haciendo a un lado nuestras ocupaciones y empleos encontramos realmente la verdad real de la flor. Viendo las cosas de esa forma descubrimos su belleza.

El filósofo más grande de la ilustración, Immanuel Kant, estaba profundamente influenciado por la idea de Shaftesbury. Kant argumentaba que la experiencia de la belleza llega cuando hacemos de lado nuestros intereses, cuando vemos las cosas no para usarlas en nuestro propio interés o para explicar cómo funcionan o para satisfacer alguna necesidad o apetito, sino simplemente para absorberlas y validar lo que son.

Considere la alegría que siente cuando sostiene en sus brazos al bebé de un amigo. No quiere hacer nada con el bebé. No quiere comerlo, usarlo de algún modo o conducir experimentos científicos en él. Simplemente quiere mirarlo y sentir la enorme ola de deleite que viene cuando enfoca todos sus pensamientos en este bebé y ninguno en usted mismo. Eso es lo que Kant describió como una actitud desinteresada y es la actitud que es la base de nuestra experiencia de la belleza.

Explicarlo es extremadamente difícil porque si nunca lo has experimentado no sabes qué es realmente. Pero todo el mundo escuchando una pieza de música hermosa, mirando un paisaje sublime, leyendo un poema que parece contener la esencia de las cosas que describe, todo el mundo que experimenta algo así dice “¡Sí, esto es suficiente!”.

¿Pero por qué es tan importante esta experiencia? El encuentro con la belleza es tan vívido, tan inmediato, tan personal que parece difícil que pertenezca al mundo ordinario. Y aún así la belleza brilla sobre nosotros desde cosas ordinarias. ¿Es una característica del mundo o producto de la imaginación?

La mayor parte del tiempo nuestras vidas se organizan en torno a nuestras preocupaciones cotidianas. Pero de vez en cuando nos sentimos sacudidos afuera de nuestra apatía en presencia de algo vastamente más importante que nuestros deseos e intereses inmediatos, algo fuera de este mundo. De Platón a Kant los filósofos han intentado captar la forma peculiar en la que percibimos la belleza. Como un rayo súbito de sol o una ola de amor. Para Platón la única explicación de tal experiencia fue su origen trascendental. Nos habla como la vos de Dios. Y Kant también, de forma más sobria, creyó que la experiencia de la belleza nos conecta con el mayor misterio del ser.

A través de la belleza somos llevados a la presencia de lo sagrado. Podemos comprender lo que tales filósofos quieren decir si reflexionamos en lo que sentimos en presencia de la muerte, especialmente la muerte de alguien amado. Miramos con asombro al cuerpo humano del que se ha escapado la vida. Sentimos renuencia a tocar el cuerpo muerto. Lo vemos como algo que no es propiamente parte de nuestro mundo, casi un visitante de otro entorno. Y el mismo sentido de lo trascendental surge de la experiencia que inspiró a Platón, la experiencia de enamorarse.

Esto también es universalmente humano, y es una experiencia del tipo más extraño. La cara y cuerpo del amado están imbuidos con la vida más intensa. Pero en un aspecto crucial, son como el cuerpo de alguien muerto. Parecen no pertenecer al mundo cotidiano. Los poetas se han explayado por miles de palabras sobre esta experiencia, que ningunas palabras parecen capturar completamente.

Pero estos grandes cambios en la corriente de la vida, la urgencia de unirse con otra persona, la pérdida de alguien amado, son momentos en que comprendemos lo sagrado. Si revisamos la historia de la idea de la belleza vemos que filósofos y artistas tiene buenas razones para conectar lo hermoso con lo sagrado y para ver nuestra necesidad de belleza como algo profundo en nuestra naturaleza. Parte de nuestro anhelo por consolarnos en un mundo de peligros, dolor y tristeza. Hoy muchos artistas ven la idea de belleza con desdén, un remanente de una forma de vida que se ha esfumado que no tiene conexión real con el mundo que ahora nos rodea. Así que ha existido un deseo por desacralizar experiencias como el sexo y la muerte desplegándolas de maneras triviales e impersonales y de destruir cualquier sentido de su importancia espiritual. Igual que como aquellos que pierden su religión siente la urgencia de burlarse de la fe que han perdido los artistas actuales sienten la urgencia de tratar la vida humana de formas degradantes y de burlarse de la búsqueda de la belleza. Esta profanación deliberada también niega al amor, un intento para rehacer al mundo como si el amor ya no fuera parte de él. Y esto, me parece, es la característica más importante de nuestra cultura postmodernista, que es una cultura carente de amor, empeñada en representar al mundo como indigno de ser amado.

Por supuesto, este hábito de permanecer en el lado angustiante de la vida humana no es nuevo. Desde el principio de nuestra civilización ha sido una de las misiones del arte el tomar lo que es más doloroso en la condición humana y de redimirlo en una obra de hermosura. El arte tiene la habilidad de redimir la vida, encontrando belleza aún en los peores aspectos de las cosas. La crucifixión de Mantegna presentando las muertes más crueles y horribles consigue un tipo de majestuosidad y serenidad. Redime el horror que muestra. En la cara de la muerte los seres humanos todavía pueden mostrar nobleza, compasión y dignidad. Y el arte nos ayuda a aceptar la muerte, representándola en tal luz.

¿Qué hay de las cosas que no son trágicas sino simplemente sórdidas o depravadas?. ¿Puede el arte encontrar belleza en ellas? Esta pintura por Delacroix nos muestra la cama del artista en todo su sórdido desorden. Él también aporta belleza a una cosa que carece de ella y le otorga un tipo de bendición en su propio caos emocional. Delacroix dice “miren como estas sábanas manchadas de sudor graban los sueños inquietos, la energía atormentada de la persona que las ha dejado y cómo la luz las recoge como si aún estuvieran animadas por el durmiente”. La cama se transforma por el acto creativo de volverse otra cosa, un símbolo vívido de la condición humana y uno que crea un enlace entre nosotros y el artista.

Algunas personas describen la cama de Tracey Emin de esa forma. Pero hay toda la diferencia en el mundo entre una verdadera obra de arte que convierte la fealdad en belleza y la obra de arte falsa que comparte la fealdad que muestra. Esta es la vida moderna, presentada en toda su incertidumbre y desorden.

¿Qué es lo que hace que eso sea arte en lugar de una cama arrugada?

La primer cosa que hace que esto sea arte es que yo digo que lo es.

¿Dices que es…

Yo digo que lo es.

La segunda cosa es que el Tate dice lo es pero ¿qué quieres que el espectador, el visitante de la galería diga? ¿Quieres que.. no quieres que digan “creo que eso es bello”.

No, nadie ha dicho realmente eso, sólo yo.

¿Piensas que es hermoso?

Sí, lo pienso, de otra manera no lo habría mostrado.

¿Cómo puede ser esta una obra de arte bella? No hace ningún intento por transformar el material crudo en una idea. Es sólo una realidad sórdida entre otras, literalmente, una cama sin tender.

Regresamos a la pregunta que surge por el Orinal de Duchamp, si cualquier cosa puede ser arte. Esta pregunta ocupa tanto a los que pretende ser innovadores y a los tradicionalistas como Alexander Stoddart, un escultor de monumentos cuyas obras se erigen en espacios públicos alrededor del mundo, así como en la galería de la Reina en el Palacio de Buckingham.

Un defensor del arte conceptual podría decir que una idea puede ser hermosa así que no hay nada malo con el arte conceptual como tal.

Sí, pero el problema es que esto sucede en todos los campos de trabajo. Un abogado puede tener una idea hermosa, un hombre de estado, un médico… “curemos el cáncer”, hermosa idea. Pero no dice ser un artista apoyado en eso. El arte conceptual, ´por supuesto, está completamente atada por palabras. Es de hecho el tipo un arte que se exhausta su descripción verbal. Así que sólo necesitas decir ‘media vaca en un tanque de formol’ y prácticamente ya has terminado. El objeto en sí puede ser entonces en realidad basura. La cama de Tracey Emin es un ejemplo perfecto de esto. En teoría si pasaras caminando con prisa junto a un contenedor de basura y la vieras ahí seguirías caminando. Pero, por supuesto, si vieras tan solo el Torso de Apollo Belvedere tirado en ese contenedor serías detenido por él e incluso tal vez entraras a tratar de sacarlo. Muchos estudiantes vienen conmigo de departamentos de escultura, secretamente, por supuesto, porque no quieren decirles a sus tutores que se relacionan con el enemigo y me dicen ‘traté de hacer una figura a escala y entonces vino un tutor y me dijo que lo cortara a la mitad y lo cubriera con diarrea y eso lo haría interesante

Lo que siento acerca de la profanación estandarizada que pasa por arte es que en realidad es un tipo de inmoralidad porque es un intento de destruir el significado de la figura humana de alguna forma.

Es un intento de destruir el conocimiento.

La organización del arte se ha alejado del viejo currículum que ponía belleza y oficio en la cima del programa. Aquellos como Alexander Stoddart que intentan restaurar la conexión antigua entre lo hermoso y lo sagrado son vistos como anticuados y absurdos.

El mismo tipo de crítica es dirigido a los tradicionalistas en la arquitectura. Un blanco es Léon Krier, arquitecto de Poundbury, pueblo modelo del príncipe de Gales. Diseñando calles modestas, trazadas de maneras tradicionales, utilizando detalles de comprobada eficacia y muy queridos que nos han servido por siglos, Léon Krier ha creado un asentamiento genuino. Las proporciones son proporciones humanas. Los detalles permiten que los ojos descansen en ellos. Esta arquitectura no es grandiosa u original. Ni trata de serlo. Es un intento modesto de hacer las cosas bien siguiendo patrones y ejemplos establecidos tradicionalmente. Esto no es nostalgia, sino conocimiento pasado de siglo en siglo. La arquitectura que no respeta al pasado no está respetando la presente porque  no está respetando la necesidad básica que las personas tienen de la arquitectura que es el construir una casa que perdure.

He mostrado algunas de las formas en que los artistas y arquitectos han seguido el llamado de la belleza. Al hacerlo le han dado sentido a nuestro mundo. Los maestros del pasado reconocieron que tenemos necesidades espirituales además de apetitos animales. Para Platón la belleza era un camino a Dios, mientras los pensadores de la ilustración vieron al arte y la belleza como formas en que nos salvamos de rutinas sin sentido y nos elevamos a una plataforma más alta. Pero el arte le ha dado la espalda a la belleza. Se ha vuelto esclavo de la cultura de consumo alimentando nuestros placeres y adicciones y regodeándose en  auto repugnancia. Que me parece que es la lección de las formas más feas de arte y arquitectura. No muestran la realidad sino se vengan de ella, arruinando lo que pudo ser una casa y nos deja vagando desconsolados por un desierto espiritual.

Por supuesto, es cierto que hay mucho en el mundo hoy día que nos distrae y nos preocupa. Nuestras vidas están llenas de sobras. Batallamos a través del ruido y las distracciones y nada se resuelve. La respuesta correcta, no obstante, es no validar esta alienación. Es buscar el camino que nos regresa del desierto, uno que nos dirija a un lugar donde lo real y lo ideal puedan aún existir en armonía.

En mi propia vida he encontrado este camino a través de la música más fácilmente que a través de cualquier otra forma de arte. Pergolesi tenía 26 cuando escribió el Stabat Mater. Describe el dolor de la sagrada Virgen, junto a la cruz del Cristo moribundo. Todo el sufrimiento del mundo está simbolizado en sus exquisitas líneas. Dado que Pergolesi sufría de tuberculosis cuando escribió el Stabat Mater, él también es el Hijo muriendo en la cruz, de hecho murió a unos meses de haber terminado la pieza. Esta no es una pieza ambiciosa o compleja, simplemente una expresión sincera de la fe del compositor. Nos muestra la forma en que emociones profundas y perturbadoras pueden lograr unión y libertad a través de la música. La voz de María está escrita para dos cantantes. La melodía se eleva lentamente, dolorosamente, resolviendo disonancias sólo para ser dominadas por otra disonancia mientras las voces se encuentran, representando el conflicto y dolor dentro de ella.

¿Por qué no te doy el compás 18?

Muy bien, buena idea.

Aquí tenemos un texto muy simple y sagrado. La madre está de pie acongojada y llorando a la cruz de la que cuelga su hijo. Eso es realmente todo lo que tienes que decir.

Y una persona totalmente ajena a la música entendería el mensaje de inmediato, de que es una pieza de duelo, ¿o no? No puede haber duda alguna al respecto.

La música reemplaza a las palabras y las hace hablarte en otro idioma en tu propio corazón.

Bueno, quiere decir que hoy en nuestro mundo secular puede moverse y deleitar sin que las personas tengan que saber de qué se trata.

Aprendes sin el aparato teológico que hay esta cosa llamada sufrimiento y que es el destino de todos nosotros, pero que también no es el fin de todos nosotros.

En esta película he descrito a la belleza como un recurso esencial. A través de la búsqueda de la belleza le damos forma al mundo como a un hogar. Y al hacerlo ampliamos nuestros gozos y encontramos consuelo para nuestro dolor. El arte y la música arrojan una luz de sentido sobre la vida ordinaria y a través de ellos podemos enfrentar las cosas que nos preocupan y de encontrar consuelo y paz en su presencia. Esta capacidad de la belleza de redimir nuestro sufrimiento es una razón por la que la belleza puede ser vista como un sustituto de la religión.

¿Por qué darle prioridad a la religión? ¿Por qué no decir que la religión es un sustito de la belleza? Aún mejor, ¿por qué describirlas como rivales? Lo sagrado y lo hermoso están de pie uno al lado del otro, dos puertas que abren a un solo espacio y en ese lugar encontramos nuestro hogar.

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